
Conseguí que mis palabras tuvieran el valor de lo infinito,
pero no conseguí sacar la venda de tus ojos bonitos.
Ojalá pudiera transformar la mochila en arte,
perdebes reconocer que ni siquiera dejas tocarte.
Mejor no juguemos al gato y al ratón porque seguramente
uno terminará siendo un vil roedor.
Trataré de amarte sin tocarte, pero no quejes si la melodia
suena en otra parte


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